Clave de la motivación en las organizaciones

Recientemente he tenido la oportunidad de impartir la formación "automotivación y motivación del equipo" a mandos intermedios de la Generalitat de Cataluña y quiero compartir algunas reflexiones.


Desde un enfoque organizacional parto de la premisa de que es tarea del jefe o líder de equipo, mantener un entorno en el que se den unas determinadas circunstancias que fomenten la automotivación de sus miembros. Pero ese objetivo, ¿depende exclusivamente del líder? ¿Es realista? ¿Será suficiente?
Emoción y motivación son conceptos íntimamente relacionados, dado que cualquier emoción tiende a impulsarnos hacia una acción. Encaminar las emociones y la motivación consiguiente hacia el logro de objetivos, resulta esencial.


Esto implica necesariamente un conocimiento real de los miembros de nuestro equipo. ¿Qué tipo de motivación les impulsa? poder, logro de objetivos, afiliacion, etc y cuestionarnos muy profundamente y dentro de nuestro margen de maniobra:

  • ¿qué tan propicio es el entorno de trabajo dónde nos movemos para potenciar los diferentes tipos de motivación?
  • ¿qué acciones podemos fomentar y qué aspectos evitar en función de las motivaciones detectadas?

Desde un enfoque más personal, si un líder de equipo consigue conectarse individualmente a energías que aporten bienestar y equilibrio emocional le resultará más fácil contribuir a la creación de ese entorno laboral deseado y conseguir un impacto real en el equipo, desde la coherencia y la autenticidad
Este proceso implica necesariamente enfocar la mirada hacia nuestro interior (“lo verdaderamente esencial es invisible a los ojos”, escribía Antoine de Sant Eixupery) y ser conscientes de que si aquello que nos mueve hacia la acción es coherente con nuestros valores, vamos bien orientados.
De no ser así, el precio a pagar es alto: frustración, agotamiento, desgaste emocional y físico, dificultad para tomar decisiones , incapacidad para motivar, etc

Motivación: gestiona tu energía, no tu tiempo
El tiempo es un recurso finito, sin embargo con la energía la historia es diferente.
La energía en los seres humanos proviene fundamentalmente de cuerpo, emociones, mente y espíritu y cada una de estas fuentes puede expandirse y renovarse periódicamente si establecemos los hábitos adecuados.
Considero que tan importante es establecer conductas adecuadas y potenciar hábitos de vida saludables como reconocer los costes de comportamientos que generan fugas y nos descapitalizan energéticamente, para después asumir la responsabilidad de modificarlos.
Un buen líder debe localizar fugas de energía. Un ejemplo recurrente: una de las fugas más frecuentes que encuentro en entornos corporativos es el tiempo y dedicación invertidos por líderes de equipo en relación a uno o dos miembros comúnmente etiquetados como “personas tóxicas” que, a menudo, concentran toda nuestra atención e incrementan el riesgo de desatender al resto del equipo.
Concluyendo, cada vez son más las empresas que invierten y contribuyen a que sus empleados sean capaces de generar y mantener un nivel de energía adecuada, saludable y sostenible, un escenario altamente deseable en cualquier entorno laboral y que se encuentra profundamente condicionado por las competencias emocionales de cada individuo.


La inteligencia emocional asociada a la empresa no es una moda pasajera, ha llegado para quedarse y para fomentar el crecimiento de organizaciones saludables, dónde ser feliz en el trabajo deje de ser una utopia para ser muchas más veces de las que pensamos, una cuestión de elección personal